jueves, 10 de mayo de 2012

Anuncios luminosos de la vida en tus ojos.

"Las luces de tu alma, sí, las luces, 
anuncios luminosos de la vida 
en la noche, en tus ojos."
Pedro Salinas


Apartó de sus manos la derrota y el polvo. Retiró con ternura la culpa, barrió todas las dudas, limpió la confianza a conciencia, con un poco de agua y alguna lágrima que no quiso ser vertida un mediodía de martes.
Abrió las heridas y las ventanas, dejó que corrieran el dolor, la calma y el aire. 
Acondicionó la puerta, quitó las barras que la atrancaban, desatornilló los cerrojos, engrasó la cerradura y la dejó como nueva, como en aquel primer encuentro, no quedó en ella más que el deseo de abrirse cada día. 
También enjuagó el suelo y ordenó las estancias dejando bien colocado en cada rincón un pedacito de impaciencia, de morbo y de misterio (eso nunca se perdería), pero quitó de en medio la dependencia, la angustia y el miedo al abandono y lo dejó bien alto en un armario (aunque, aun así, quedaron al alcance...no sería tan fácil desprenderse de ello, eran ya muchos años los que habían estado sobre la mesa).
Preparó la sonrisa, el sabor en los labios. 
Dejó listos los platos, los besos y el café. 
Y paró a descansar, por fin, tras mucho tiempo, esperando una visita o un milagro.
Y pronto llegaría la llamada a la puerta, la sonrisa en los ojos, la luz en la sonrisa.

Ruiz. B.

domingo, 6 de mayo de 2012

Los placeres prohibidos.

"Me gusta verte más. Aunque en realidad...no te vea."


Descansaba plácidamente bajo un cielo pleno de sol e historias abandonadas a mitad del camino. Se movía ruidosamente, no tenía cuidado ni temía al peligro, dando vueltas en el mismo lugar, a veces; otras veces se levantaba de un salto y corría torpemente. Volvía a detenerse, quizá a coger el fruto de algún árbol o a admirar la belleza de una flor. Seguía, volvía a parar, siempre alerta. Nunca se demoraba más de lo necesario en el mismo sitio, pero estaba el tiempo suficiente para sentir intriga, fascinación por las cosas que se cruzaban frente a sus ojos. Era una presa difícil...pero, al fin y al cabo, lo era.
A cierta distancia, tras una leve barrera, un par de ojos intensos observaban la carrera, la quietud o la tibieza de su cuerpo frágil. Se habían posado en él como en tantas otras cosas extrañas, pero esta vez era diferente. Apenas hubo demora. Esta vez, el cazador decidió no dilatar más el tiempo, ni tentar a una suerte demasiado dudosa para que fuera cierta. Esta vez fue deprisa. 
Rápido, fuerte y certero quebró la barrera.
Fuerte, certero y rápido adelantó su huída desgarbada.
Certero, rápido y fuerte interrumpió su trayectoria.
Se miraron a los ojos, se midieron. No competían en fuerza ni en velocidad, pero sí en astucia, sí en miedo - miedo a la pérdida, de la vida, del premio. 
Y quizá habría podido huir...puede que hubiera podido escapar...pero hubo un fallo inimaginable, imperdonable, increíble, imprudente. Y así como miraba las flores, o las nubes, o los pájaros y se asombraba, así se detuvo en los ojos del cazador. Bajó la guardia, tardó un segundo más de lo debido en apartar la vista. Y ya era tarde.
Se abalanzó sobre él, elegante, seguro de su victoria. Lo acorraló, despacio. Enlentecía el movimiento al acercarse, se medía, controlaba, alargaba el momento del placer - ¿el placer de la caza, el placer de la presa? ¿el placer de saber que había ganado? ¿el placer de los bailes en la palma de una mano? - pero, finalmente, llegaba.


Luego, las otras muchas veces, habían quedado las huellas, sangre y restos de la batalla. Y nada más.
Y esta vez no fue así...se quedó merodeando, girando en torno al cuerpo: sus ojos fijos aún en los del otro. Ninguna herida, la carne intacta...sólo faltaba una pieza, que se curvaba en manos del cazador.
Le había arrancado el corazón.


Ripples.

miércoles, 25 de abril de 2012

La pasión y sus formas.

"En esos mismos labios que han hecho las maletas, 
yo buscaba los héroes del destino."
Luis García Montero


A fuerza de presión, de tiempo, de exámenes y de muchas ocupaciones más entretenidas que vivir una pasión al modo clásico, se fueron desprendiendo las cosas que la hacían importante.
Se desprendió la idea de constancia, también la de infinito, las tardes, los regalos, el sexo, la imprudencia y el humo del tabaco.
Se cayeron, sin más, las hojas dolorosas con dibujos de puentes.
Se prendieron, sin más, alguna que otra imagen y un café de hace tiempo en una de mis tardes.
Se ahuecaron, a base de distancias, de lágrima y cojín de medianoche. 
Se instaló la prudencia, se apoltronó la ciencia, se esfumó la indecencia.
Se pasó, sólo eso, no se murió, ni huyó. Pero no se ha quedado.
Vino para marcharse, queda claro.


Ruiz. B.

viernes, 20 de abril de 2012

Corazones mecánicos.

Los reflejos plateados dan la impresión de que el cielo y sus estrellas acaban de caer en la bañera. Es maravilloso ese grifo ordinario que esparce blandas estrellas en el silencio de la noche. Entramos lentamente en el agua, a fin de no salpicar esta delicia. Somos dos gusanos estrellados de gran formato. Y hacemos el amor despacio; somos los amantes más lentos del mundo, apenas nos rozamos con nuestras lenguas. El chapoteo del agua le haría a cada uno creerse dentro del vientre del otro. Rara vez he sentido algo tan agradable.
Murmuramos chillidos. Hay que contenerse.
Termino cayendo cuan largo soy, como si acabara de morir en un western y ella se pone a gritar muy flojito. El cuco suena al ralentí. Oh, Madeleine...
Miss Acacia se duerme. La contemplo durante un largo rato. La longitud de sus pestañas maquilladas acentúa la ferocidad de su belleza. Resulta tan deseable que me pregunto si su oficio de cantante no la habrá condicionado hasta el punto de posar para pintores imaginarios, incluso en pleno sueño. Parece un cuadro de Modigliani, un cuadro de Modigliani con una hermosa mujer que ronca un poquito.


Mathias Malzieu
"La mecánica del corazón"



miércoles, 18 de abril de 2012

Un día en el mundo.

"Mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así."
Vetusta Morla


Había caído en muchas tentaciones, cosas mal hechas, libertades mal tomadas. Había caído bien, y mal, y fascinaba a veces y otras tantas se dejaba asombrar. Hizo reír, hizo bien, hizo el amor, la cama, hizo el idiota y su deber. Hizo y deshizo.
Y se cayó y calló. Se perdió, creyó que había logrado encontrarse, se levantó y anduvo a tientas (y a ratos, de rodillas, en parques y en almohadas). Y se encontró de veras, o eso pensó esta vez.
Y quiso todo dentro de esa nada que prometía la luna. 
Y quiso puentes (y paseó, de hecho, aquella tarde, por un puente tendido).
Pero quiso también ciento volando, y abandonó los pájaros en mano.
Y regresó a la hierba, al suelo, al cielo, al aire de un abril que, esta vez, no prometía nada.
Lo quiso todo, sin quedarse en nada.


Ripples.



lunes, 16 de abril de 2012

Rotos.

"El jugador en la esquina con su caramelo, hoy no durmió en el sueño, tenía celos. Casi tiene su corazón prisionero...afortunado en el amor, mala suerte en el juego."
Los Rodríguez


Hace ya algún tiempo, un tiempo que nadie podría calificar de extenso ni tampoco de breve, un tablero de ajedrez escribió un cambio. Posiblemente aquel fuera el más grande de todos aquellos cambios que parecen haberse marchado sin intención ni billete de vuelta.
El tablero se ha roto, la madera ha quedado astillada por los bordes, y hay que tener cuidado al cogerlo, podrías hacerte daño. Cualquiera podría hacerse daño con ese absurdo juego roto. Hay que retirarlo, entonces. Lo apartamos, lo cogemos con cuidado y lo guardamos donde nadie pueda pincharse.
¿Y ahora, qué? Tenemos piezas aún en buen estado, piezas repartidas, muertas, vivas, guardadas en los bolsillos...incluso alguna trampa preparada, algún truco. Tenemos pocas reglas, pero nunca tuvimos demasiadas. Nos quedan aún ganas de seguir la partida. Nos quedan muchas cosas, todavía.
Venga, pues. Vamos, arriba, levanta, muévete, busquemos algo para apoyar esta tramoya, para apoyarnos, busquemos sin parar, ha de haber algo. Fue tan sencillo comenzar a jugar...no contábamos con estos pequeños imprevistos. Pero venga, otra vez.
Entonces alguien llega, nos derriba la mesa, nos fuerza a mirar hacia el suelo, y traza allí una línea. Y se marcha. ¡Eso es! Podemos dibujarlo, a nuestro antojo, que sea como queramos que sea. 
Pero que siga el juego.


Ripples.

martes, 10 de abril de 2012

Volverse.

"Volveré, como vuelve todo. Distinto."


Para que no me entiendas podría revolver el horizonte, mezclarme en una caja de zapatos, cenar flor con sol con cielo y paraíso (y destierro y espadas y manzanas). Para que no me entiendas.
Para que no me entiendas podría recavar la tierra húmeda, y cavar hasta el hueso, y mezclar hojalata, sombrero, desparpajo y esputo. Para que no me entiendas.
Y en fin, qué más hacer, para que no me entiendas. 
Vol, vol, vol(ar), vol(átil), vol(ante), vol(cánico), vol(emia), 
VOL(VER).
VER(SÁTIL).
VER(SE).
VER(DAD).
VER.
Algo así, no está mal.


Ruiz. B.