sábado, 26 de mayo de 2012

En cambio.


“El romanticismo y el sentimentalismo son una ordinariez. El enamoramiento no es interesante. Lo que no nos da felicidad o alegría hay que apartarlo un poco. Y yo cuando me he enamorado nunca he sido feliz. La pasión es una parte muy pequeña del enamoramiento…pero no es la más importante, al contrario de lo que solemos pensar. La pasión conduce a creer que solamente existe la posibilidad de ser feliz en la contemplación del ser amado. Y esto es una cuestión de carácter obsesivo que nos hace vivir infelices. La pasión suele ir acompañada de tristeza, pena o angustia.
El amor, en cambio, es muy interesante.”

J.B.


miércoles, 23 de mayo de 2012

De vez en cuando.

“Ya ves, continuamos viviendo cada uno a su manera, incluso ahora”, pensé. Por profunda y fatal que sea la pérdida, por importante que sea lo que nos han arrancado de las manos, aunque nos hayamos convertido en alguien completamente distinto y sólo conservemos, de lo que antes éramos, una fina capa de piel, a pesar de todo, podemos continuar viviendo, así, en silencio. Podemos alargar la mano e ir tirando del hilo de los días que nos han destinado, ir dejándolos luego atrás. En forma de trabajo rutinario, el trabajo de todos los días…haciendo, según cómo, una buena actuación. 
Al pensarlo, me sentí profundamente vacío.


H. Murakami


sábado, 12 de mayo de 2012

Dolor y otros milagros.


Porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.


Mario Benedetti

jueves, 10 de mayo de 2012

Anuncios luminosos de la vida en tus ojos.

"Las luces de tu alma, sí, las luces, 
anuncios luminosos de la vida 
en la noche, en tus ojos."
Pedro Salinas


Apartó de sus manos la derrota y el polvo. Retiró con ternura la culpa, barrió todas las dudas, limpió la confianza a conciencia, con un poco de agua y alguna lágrima que no quiso ser vertida un mediodía de martes.
Abrió las heridas y las ventanas, dejó que corrieran el dolor, la calma y el aire. 
Acondicionó la puerta, quitó las barras que la atrancaban, desatornilló los cerrojos, engrasó la cerradura y la dejó como nueva, como en aquel primer encuentro, no quedó en ella más que el deseo de abrirse cada día. 
También enjuagó el suelo y ordenó las estancias dejando bien colocado en cada rincón un pedacito de impaciencia, de morbo y de misterio (eso nunca se perdería), pero quitó de en medio la dependencia, la angustia y el miedo al abandono y lo dejó bien alto en un armario (aunque, aun así, quedaron al alcance...no sería tan fácil desprenderse de ello, eran ya muchos años los que habían estado sobre la mesa).
Preparó la sonrisa, el sabor en los labios. 
Dejó listos los platos, los besos y el café. 
Y paró a descansar, por fin, tras mucho tiempo, esperando una visita o un milagro.
Y pronto llegaría la llamada a la puerta, la sonrisa en los ojos, la luz en la sonrisa.

Ruiz. B.

domingo, 6 de mayo de 2012

Los placeres prohibidos.

"Me gusta verte más. Aunque en realidad...no te vea."


Descansaba plácidamente bajo un cielo pleno de sol e historias abandonadas a mitad del camino. Se movía ruidosamente, no tenía cuidado ni temía al peligro, dando vueltas en el mismo lugar, a veces; otras veces se levantaba de un salto y corría torpemente. Volvía a detenerse, quizá a coger el fruto de algún árbol o a admirar la belleza de una flor. Seguía, volvía a parar, siempre alerta. Nunca se demoraba más de lo necesario en el mismo sitio, pero estaba el tiempo suficiente para sentir intriga, fascinación por las cosas que se cruzaban frente a sus ojos. Era una presa difícil...pero, al fin y al cabo, lo era.
A cierta distancia, tras una leve barrera, un par de ojos intensos observaban la carrera, la quietud o la tibieza de su cuerpo frágil. Se habían posado en él como en tantas otras cosas extrañas, pero esta vez era diferente. Apenas hubo demora. Esta vez, el cazador decidió no dilatar más el tiempo, ni tentar a una suerte demasiado dudosa para que fuera cierta. Esta vez fue deprisa. 
Rápido, fuerte y certero quebró la barrera.
Fuerte, certero y rápido adelantó su huída desgarbada.
Certero, rápido y fuerte interrumpió su trayectoria.
Se miraron a los ojos, se midieron. No competían en fuerza ni en velocidad, pero sí en astucia, sí en miedo - miedo a la pérdida, de la vida, del premio. 
Y quizá habría podido huir...puede que hubiera podido escapar...pero hubo un fallo inimaginable, imperdonable, increíble, imprudente. Y así como miraba las flores, o las nubes, o los pájaros y se asombraba, así se detuvo en los ojos del cazador. Bajó la guardia, tardó un segundo más de lo debido en apartar la vista. Y ya era tarde.
Se abalanzó sobre él, elegante, seguro de su victoria. Lo acorraló, despacio. Enlentecía el movimiento al acercarse, se medía, controlaba, alargaba el momento del placer - ¿el placer de la caza, el placer de la presa? ¿el placer de saber que había ganado? ¿el placer de los bailes en la palma de una mano? - pero, finalmente, llegaba.


Luego, las otras muchas veces, habían quedado las huellas, sangre y restos de la batalla. Y nada más.
Y esta vez no fue así...se quedó merodeando, girando en torno al cuerpo: sus ojos fijos aún en los del otro. Ninguna herida, la carne intacta...sólo faltaba una pieza, que se curvaba en manos del cazador.
Le había arrancado el corazón.


Ripples.

miércoles, 25 de abril de 2012

La pasión y sus formas.

"En esos mismos labios que han hecho las maletas, 
yo buscaba los héroes del destino."
Luis García Montero


A fuerza de presión, de tiempo, de exámenes y de muchas ocupaciones más entretenidas que vivir una pasión al modo clásico, se fueron desprendiendo las cosas que la hacían importante.
Se desprendió la idea de constancia, también la de infinito, las tardes, los regalos, el sexo, la imprudencia y el humo del tabaco.
Se cayeron, sin más, las hojas dolorosas con dibujos de puentes.
Se prendieron, sin más, alguna que otra imagen y un café de hace tiempo en una de mis tardes.
Se ahuecaron, a base de distancias, de lágrima y cojín de medianoche. 
Se instaló la prudencia, se apoltronó la ciencia, se esfumó la indecencia.
Se pasó, sólo eso, no se murió, ni huyó. Pero no se ha quedado.
Vino para marcharse, queda claro.


Ruiz. B.

viernes, 20 de abril de 2012

Corazones mecánicos.

Los reflejos plateados dan la impresión de que el cielo y sus estrellas acaban de caer en la bañera. Es maravilloso ese grifo ordinario que esparce blandas estrellas en el silencio de la noche. Entramos lentamente en el agua, a fin de no salpicar esta delicia. Somos dos gusanos estrellados de gran formato. Y hacemos el amor despacio; somos los amantes más lentos del mundo, apenas nos rozamos con nuestras lenguas. El chapoteo del agua le haría a cada uno creerse dentro del vientre del otro. Rara vez he sentido algo tan agradable.
Murmuramos chillidos. Hay que contenerse.
Termino cayendo cuan largo soy, como si acabara de morir en un western y ella se pone a gritar muy flojito. El cuco suena al ralentí. Oh, Madeleine...
Miss Acacia se duerme. La contemplo durante un largo rato. La longitud de sus pestañas maquilladas acentúa la ferocidad de su belleza. Resulta tan deseable que me pregunto si su oficio de cantante no la habrá condicionado hasta el punto de posar para pintores imaginarios, incluso en pleno sueño. Parece un cuadro de Modigliani, un cuadro de Modigliani con una hermosa mujer que ronca un poquito.


Mathias Malzieu
"La mecánica del corazón"