miércoles, 20 de junio de 2012

Como si el mundo.


Como si el mundo estuviera sólo en cada tirón y los dedos crispados sobre el papel. Como si sólo fuera un banco en medio de una plaza, enfrente de un puesto de flores callejero. Como si sólo fuera un paseo y la vuelta a casa, o como si fueran encuentros de repente y por sorpresa y de milagro y menos mal. Y como si sólo fuese un café más en el sitio de siempre, pero algo hubiese cambiado. Como si apenas nada fuera ya como antes y las nubes y los arco iris y todas las burbujas adornasen el suelo, caídos ya para siempre de su cielo perfecto, sin manchas.
O como si estuviese sobre sus rodillas, a oscuras, o contra una pared nunca construida, o detrás de una mole de ladrillo. Como si el mundo fuera de veras la noche cayendo sobre los hombros y sobre todo lo que fuimos y lo que aún queda de lo que fuimos y lo que somos.
Como una llamada desde una hamaca de casa a casa y de cama a cama. Como si el mundo estallase en mil caminos de noche a noche, de limón, y ojalá de mañana por la mañana.

Ruiz. B. 


lunes, 18 de junio de 2012

La puerta del verano.


Hay un pasillo largo y muchas puertas, demasiadas, las justas o insuficientes, nunca lo sabría. Y un vestido rojo colgado de un perchero antiguo. Y unos zapatos. Y un poco de miedo. 
Y algo de tiempo, parece todo un año, y es mentira.
Después queda sólo una puerta a la espalda, han cerrado el pasillo, lo han vetado con puertas que ocultan y sepultan olimpiadas y muertos. Dicen que se fueron cerrando las puertas una a una (la de los ojos primero, la de la risa, la del sexo y la de las manos). Se cerraron las puertas del paraíso y tras un largo trecho finalmente se cerraron las de la ciudad, y calle a calle, a golpe de hierba y de silencio se instauró la clausura. 
Y ahora ya no hay pasillo si no encuentras la llave. Ya no puedes volver. 
Y si te acercas ves un rincón en el suelo, con un montón de escombros, y con gafas redondas, y uñas rotas y algún vestido nuevo. Y hay muy poca luz y quizá deberías dejar que entre (la luz, el aire, el sol, y el amor y lo nuevo).
Entonces se abre enfrente la puerta del verano.

Ruiz. B.


sábado, 16 de junio de 2012

Esta vez.

Por hoy, por una vez, por vez primera no hay nada más que nada. Ganas de nada. Esta vez quizá no haya nada emocionante. Nada lleno de todo, o casi todo. Nada desprovisto de ternura. Nada inesperado. Nada impreciso. Nada nuevo, ni viejo. Nada que recordar al llegar una noche. Nada de lo que preocuparse al despertar. Nada más que una nada grande y vacía. Una nada de ojos llenos de nada, de agujeros quizá. Una nada de mirada de aire y hueco de manos. De manos volcando algo que no saben si tocan y retienen o si pretenden dejar escurrir entre los dedos, que escape, que se vaya. Al fin y al cabo, bueno, tampoco es nada nuevo. Nada de nada. Párpados como sombrillas de luz que ya no cubren lágrimas. Pupilas de fantasmas desnudos. Carne de nada.
Y, esta vez, nada más.

Ruiz. B.

viernes, 8 de junio de 2012

Fix you.

Yo iba perdido, náufrago por mares de deseo,
cegado por la bruma suave de tu pelo.
De tu pelo que ahogaba la voz en mi garganta
cuando perdía mi boca en sus olas de niebla.


Pablo García Baena




"Y es ya la salvación querer salvarnos."


Pedro Salinas


domingo, 3 de junio de 2012

Ansiedad.

La sangre, el veneno y la sal se mezclan en la misma herida de náusea y de silencio.
Corroe los cristales, agita las hojas quietas y quiebra la balanza de la calma.
Calma falsa, falsa carrera, falso el encuentro en el origen del mundo.
Arrancar con los dedos desollados la carne donde estuvo el tacto de tus manos.
Excavar hasta el fondo de un abismo y sumergir la cabeza hasta aspirar aire roto y agua sucia y venas huecas. Expulsar el recuerdo.
Vómitos de miel y de manzana sobre las letras, dentro de las cajas, hacia las torres más altas del mundo que no podrían caer ni con la ira de siete huracanes. Olvidar tus ataques, sentarse a contemplar el circo ajeno con los ojos sobre bandejas de plata y las cuencas sangrantes y afiladas fijas en un único punto.
Disfrutar del vacío, de la nada.


miércoles, 30 de mayo de 2012

#.

De día habría sido imposible. Ahora sí, ahora que el orgullo y el miedo y la distancia tejen calma aparente (y no tan aparente, ya era hora) y licúan la luz, de vez en cuando...ahora es imposible, de día no, no puedo. Ni siquiera lo pienso, vivo y sonrío, no hago ya otra cosa, vivo, sonrío, camino hacia delante y ni siquiera vuelo.
Pero de noche...de noche cambia un poco. Cuando todos se han ido y quedas tú con un libro en las manos y una rosa amarilla entre las piernas esperando algún viaje o un retazo de sueño. Y empiezas a leer y dejas que la mirada vague un rato sobre unas líneas que ya no comprendes ni quieres comprender, ni te interesan, porque, por un instante que te concedes involuntariamente, lo incomprensible vuelve. Y quieres a deshora. Y piensas, por ejemplo, en el calor que tienes y coges unas llaves, "metal frío", caja, cartel y latas y papel y promesas (con chocolate y té). Solo piensas, ya nada languidece, las manos aferradas a la portada dura, no vaya a ser que tiemblen. Es una concesión, supongo, de noche a mundo. Piensas en las alarmas, en los álbumes, y en un París al que nunca fuimos y al que probablemente nunca vayamos. O quizá sí, quién sabe. Y traspasas el límite y las tapas del libro ya no sirven y buscas otro tipo de asas que apretar y piensas que pensaste y que ya basta. Entonces cierras los ojos y los abres y fijas la mirada otra vez en las letras. Y esta vez sí las ves, como si fuera de día y no de noche y pudieras leer bien. Las ves como si todo siguiera igual. O, al menos, como si todo siguiera.

Ruiz. B.

martes, 29 de mayo de 2012

Un día cualquiera.

Por sentirme como en casa o quizá precisamente por lo contrario, porque no lo era. No sé muy bien por qué, pero creo que recordaré en algún momento la puerta abriéndose, y el pasillo y subir y bajar y un olor especial que solo yo notaba. Y puede que también me acuerde de una valla hecha de palillos, de alguna hoja en blanco, de recortes y premios. Y también de recuerdos que no tuve, porque no fueron míos. En fin, vamos, resumo: que hablo de un día cualquiera, sin mucho más que ofrecer que un par de carreras, alguna canción, una pelota. Y un camino, un "tránsito" hacia algún lugar.
Imagino, sí, que lo recordaré y puede que hasta se me escape una sonrisa, incluso un par, no lo descarto.
Helado derritiéndose al sol, un poco de música, aire de cinco de la tarde y me salvó. Una "pequeña salvación, por un instante."

Ruiz. B. 



"Un tren de madrugada consiguió trazar la frontera entre siempre o jamás."